Mi casa, un entramado de paredes de colores y puertas de madera a todo un euro. Jornada de ventanas abiertas en mañanas de primavera. Mark Ronson, Amy Winehouse, Chavela Vargas, Lizz Wright, Gastelo, Jeff Buckley, Emma Pollock, Murfila. Tu primera foto. La Biennale. Mi cuaderno de LaChapelle. Marihuana y risas y té verde. Atardeceres rosas sobre tejados rojos. Un año de amor. La ropa tendida. Cigarrillos y Billy Wilder. Cuchillos y cortes. Fundido a negro. El Ulises de Joyce. Tu voz en el contestador. Marketa Irglova. El cuarteto de cristal de vasos egipcios. Candela y sus alaridos. Bertolt y su ausencia. Pollas de plástico azul. El beso que olvidaste en la estantería y que ahora descansa, célibe, junto a Ángel González y sus poemas. La cesta de jazmines. Los geranios al sol un lunes cualquiera. Periódico y café. Montañas de cepillos de dientes violeta sin utilizar. La guitarra en el armario. El armario y sus secretos. Los secretos de la guitarra esparcidos por el armario y sus cajones. El sol en la cara de Audrey a mediodía. La maleta a medio hacer. El crujido alegre de tus pasos escalera arriba. Mis vaqueros rotos. La vecina de enfrente y su hijo y su tristeza y sus cuatro ojos negros paseándose por la cocina. El buzón-espejo en el que deposito cartas que escribo sólo para mí. La vecina del segundo y su perro y su nieto y sus seis orejas asomadas al balcón. Francoise Hardy. Portazos. Calla y bésame, tonto. El sabor de la última tarta de cumpleaños con sabor. Las fiestas improvisadas. Los Beatles observando nuestras fiestas improvisadas desde la pared naranja del salón. Los calcetines a rayas. Fassbinder. Una canción de amor. La breve estría de tus nalgas. Manos que aprenden a coser. La humedad del cuarto de baño. Zapatillas que echan a correr. Esta insistencia de pies fríos. Tus dedos y mi piel cuando dejan de ser nuestros cuerpos. Los lunares amarillos, naranjas y verdes de las cortinas transparentes. Un corazón mutilado. Borrón y cuenta nueva. El penúltimo brindis. La misión, mundana y simple, de seguir adelante.
Estos ojos, en esta casa, ya no llueven por ti.
Te acompañamos en el sentimiento.
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