A tiene los pies fríos porque N se empeña en jugar al escondite, aunque es a S a quien siempre acaba encontrando. E piensa en J, que camina cabizbajo por la Gran Vía a la salida del cine Doré, presuroso como está por encontrarse con B y su boca magnífica en el bar de siempre. L discute casi cada noche por teléfono con G, a quien desea los días impares, e ignora que el tiempo se expande más allá de su cárcel de números. P se resguarda de la lluvia y las ganas bajo la cornisa del edificio de C, que sustituyó el sabor de sus nalgas de fresa por el olor a naranja del sexo de F. La casa vacía de I parece un cementerio, o eso piensa M, que aún no lo sabe, pero está a punto de tropezar con la foto de R, su fantasma favorito. D y K han vuelto a fumar en la cama esta mañana tras hacer el amor, o que el amor les hiciese a ellos, o quién demonios sabe; con la borrachera han olvidado que tal cosa no existiría sin aquellos trece tubos de cerveza colombiana. E apura su café con leche antes de volver a la multinacional gris en la que trabaja, donde volverá a coincidir con V en el ascensor, que ajena a su alegría triste, seguirá mirando a Q con disimulo a través del espejo tintado. H cree en ti, que no crees en nadie desde que dejaste de creer en O, que sólo creía en sí …
Z acaba de decubrir que, para su sorpresa, ninguna inicial le recuerda a tu nombre.
Yo (Y), aún reniego de cualquier abecedario que lo conforme.
Comentarios recientes